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Susana Piriz Viajes

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Capadocia

Como si fuera arrancada de un cuento de hadas caprichoso y se posara sobre las llanuras de Anatolia, Capadocia es una rareza geológica de colinas en forma de panal y rocas imponentes de belleza de otro mundo. La topografía fantástica es igualada por la historia humana aquí. La gente ha utilizado por mucho tiempo la piedra blanda de la región, buscando un refugio subterráneo y dejando el campo esparcido por la fascinante arquitectura de la caverna. Las iglesias de corte rocoso adornadas con frescos del Museo al aire libre de Göreme y los refugios subterráneos de Derinkuyu y Kaymaklı son los lugares de interés más famosos, mientras que simplemente dormir en uno de los hoteles cueva de Cappadocia es una experiencia en la vida de la cueva del siglo 21.

Reino Unido

Edimburgo

Edimburgo es una ciudad que suplica ser explorada. Desde los sótanos y callejuelas que perforan el Old Town, a los municipios de Stockbridge y Cramond, está repleta de curiosos e insinuantes rincones que tientan al viajero a caminar un poco más. Y cada esquina que se dobla revela panoramas repentinos y vistas inesperadas: verdes colinas bañadas por el sol, peñascos de un color rojo oxidado o un destello azul del mar en la distancia.

Pero Edimburgo ofrece mucho más; hay excelentes tiendas, restaurantes de primera y un sinfín de bares. Es una ciudad que vibra con sus pubs y sus sesiones de música improvisada, de alocados clubes, largas fiestas, excesos y noches que acaban al amanecer con un paseo por calles empedradas de regreso a casa.

Noruega

Fiordos

El Nærøyfjord es un estrecho brazo lateral del gran fiordo Sogne, perdido entre montañas de más de 1.300 metros de altitud. Cuando entras en él, en las lanchas rápidas que prestan servicios desde Flam, tienes la sensación de haber llegado al fin del mundo, o al menos, en una de sus esquinas más olvidadas.

Sin embargo, en un pequeño llano junto a la costa, de los pocos que dejan las altas paredes de granito que dibujan el fiordo, aparece una granja, unas docenas de corderos y dos palmos de terreno cultivado. La granja se llama Styvi y sus únicos habitantes son dos ancianos de 91 y 95 años que han vivido allí toda su vida.

En cualquier otro lugar del mundo, Styvi estaría abandonada desde hace décadas. Pero esto no es cualquier lugar. Es Noruega. Un país donde la naturaleza –tan generosa como hostil- se mima, se cuida y se venera. Vivir tan perdido como uno pueda en medio de la naturaleza viene de serie en los genes noruegos.